Capítulo 49. Contacto

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-Por supuesto, señora, pase- dijo Mariana con toda amabilidad intentando incorporarse en su cama de convaleciente.

-Gracias… eh, Jerónimo- dijo ella volteando un momento a ver a su esposo.

-¿Estás segura de que quieres hacer esto sola?- preguntó Jerónimo en un susurro casi inaudible. María Antonia respondió asintiendo con la cabeza. Su marido le dio un beso en la mejilla y le sonrió por una fracción de segundo a Mariana antes de salir por la puerta.

-¿Me puedo sentar?- preguntó María Antonia, que llevaba el cabello recogido en un moño sencillo y con un sastre simple de color blanco hueso que combinaba a la perfección con sus zapatos. Mariana no pudo dejar pasar el hecho de que era la primera vez que la veía sin joyas. En efecto María Antonia no llevaba pulseras, ni cadenas, ni anillos, ni tampoco los aretes sencillos que había llevado los días que siguieron al funeral de su hermana.

-Claro que sí, señora, siéntese… ¿se encuentra bien?- preguntó Mariana al notar una repentina palidez intensa en su interlocutora.

-Creo que eso te lo debería preguntar yo a ti- dijo María Antonia sentándose en el sofá, colocando su bolso en la mesita del costado- ¿Cómo estás?

-Sanando- contestó Mariana- ¿Y usted?

-Tratando de asimilar todo esto. No ha sido nada fácil. Siento que en un segundo toda la vida que construí con tanto esfuerzo y tanto sacrificio sencillamente desapareció. Siento que todo es culpa mía, me equivoqué en tantas cosas. En tantas, ahora perdí a mis dos hijos. Y no sé si alguna vez pueda volverlos a ver.

-Estoy segura que Jerôme se comunicará con usted, él es un buen muchacho. Y Ariadne, bueno, aunque esté en prisión, estoy segura que usted podrá verla cuando desee ¿no es así?

-Bueno, Ariadne… pasó algo con ella… no sabemos si alguien la ayudó a escapar o la secuestraron. El punto es que la patrulla en la que iba fue atacada, asesinaron a los dos policías que la custodiaba y a ella se la llevaron.

-¿Fue usted?

-¿Cómo?

-¿Fue usted la que envió gente para ayudarla a escapar?

María Antonia sonrió mirando hacia el techo.

-¿Me crees capaz de eso?

-¿Quiere que le sea honesta?

-Por favor.

-La creo capaz de eso y mucho más, señora.

-¿Te puedo ser sincera?

-Por supuesto.

-Sí, creo que sí hubiese sido capaz de eso, es más, te confieso que he hecho cosas que no se consideran especialmente éticas, ya sabes, interferir para beneficiar y perjudicar gente, favorecer las influencias sobre el mérito. Es algo que desde mi posición me toca hacer a diario. Me comprenderías mejor si hubiese crecido en este país. Sé que creciste en un mundo diferente, donde todo el mundo tiene la posibilidad de conquistar todos sus sueños, si se esfuerza, es un reto personal. Aquí en Colombia es diferente, esta es una jungla, gana el que más amigos tiene, el que más influencia tenga, el que no se se deje, es supervivencia al extremo. Es una jungla, muy parecida a esa donde crecí de niña. Pero yo no envié a nadie para liberar a Ariadne y sé que ni Jerónimo, ni nadie de mi familia lo hizo, y no es tanto porque alguno de nosotros no haya estado tentado a hacerlo, sólo se necesita un poco de dinero para lograr algo así, después de todo. Creo que fue mucho más porque… después de lo que supimos anoche, realmente no sabíamos que hacer.

-O sea que si Ariadne estuviese en prisión ahora mismo ¿haría todo lo que estuviera en su poder para sacarla?

-Para ayudarla, siento que se convirtió en esa mujer tan perversa por todo lo que Jerónimo y yo la hicimos pasar de niña. Creo que sería justo ayudarla, después de todo. No creo que una cárcel sea el mejor lugar para eso ¿tú sí?

-No lo sé, sólo quiero que ella pague por lo que le hizo a mi padre… y en cambio anda por ahí suelta.

-Vamos a hacer todo lo posible por encontrarla, Mariana, te lo aseguro. Y también te aseguro que ella no volverá a representar un peligro para nadie y mucho menos para ti.

-¿Y a Jerôme? ¿Va a hacer todo lo posible por encontrarlo?

-Como tú dijiste, él es un buen muchacho, esperaré a que sea él quien decida comunicarse conmigo.

-¿Y si no lo hace?

-Entonces respetaré su decisión.

***

El agua empezó a salir de la ducha templada y agradable. Santiago se sintió en éxtasis. Era la primera ducha caliente que se daba en casi cuatro días, luego de pasar más de cuarenta y ocho horas en custodia de Rafael García, con sus ducha heladas y su ropa con olor a cucarachas, y un día más dando vueltas por la ciudad en caos, intentando unir todos los hilos que conducían a la verdad sobre la muerte de su padre. A pesar de que su primer impulso, luego de ver a Ariadne encerrada en aquella patrulla había sido pasar por su apartamento, asearse y dormir, era mucho más fuerte el impulso de ver a Mariana González.

Estaba aún disfrutando de la temperatura del agua, cuando escuchó un sonido raro en la parte de afuera. Alguien había entrado a su apartamento.

Dejó el agua corriendo, se envolvió una toalla limpia alrededor de la cintura y con mucho cuidado dio un paso hasta su habitación. Volvió a escuchar los ruidos. Definitivamente alguien estaba en la sala. Tomó el bate de béisbol que decoraba su habitación y salió a ver quien era. No pasó por alto el hecho de que el cómplice de Ariadne, el tal Marcos, aún andaba suelto y que no sabía que motivaciones pudiera tener. Quizás sabía que Santiago había sido el artífice de la captura de la mujer y ahora quisiera cobrar venganza. ¿Quién sabe? Pero era una posibilidad.

Salió hasta el espacio conjunto de la sala, el comedor y la cocina, blandiendo el bate y vio a alguien de espaldas en la cocina, buscando algo en la nevera. El individuo se dio la vuelta.

-Hola, Míster Universo, estás gordito- dijo Joaquín riéndose mientras se tomaba un vaso de yogur que Santiago había dejado guardando en la nevera para su desayuno.

-Hombre, Joaco ¿Por qué no avisaste que ibas a venir?

-Tienes el celular apagado, además tenía que traerte unas cosas, sólo aproveché el hecho de que me hayas confiado una de las llaves de tu apartamento.

-Espera me cambio y ya hablamos.

-No, no, no- dijo Joaquin limpiándose los labios con la lengua- Ya me tengo que ir a trabajar. Ahí en la mesa te dejé tu computador. Cortesía de los muchachos de “La Oruga”, cien por ciento libre de hackers…

Santiago tomó el computador en sus manos. Parecía que le había dado no sólo una buena limpieza por dentro, sino por fuera.

-¿No te dijeron cuánto le debíamos?

-Jah! – exclamó Joaquín- los de la embajada les pagaron tan bien, que no dudaría que estuviera ahora de camino a Suecia, intentando encontrarse con Lisbeth Salander o algo así.

Santiago puso los ojos en blanco. Joaquín era fanático de las novelas de Stieg Larsson y cada vez que leía una de sus novelas no hacía otra cosa que hablar de la protagonista de los libros.

-Ah… La súper mamasita de Catalina Angarita, la llamó, Juan Fernando, se comunicó con ella, o bueno, creo que se comunicó con el dueño de la revista, un tal Ñañe…

-Nane, Nane Mansur.

-Sí, bueno, ese… parece que quiere que tú te hagas cargo de la revista, ahora que él anda de viejo verde con el niño Saint-Clair quien sabe dónde.

-¿En serio?

-En serio, también me llamaron García y Wentz, agradaciendote mucho por tu colaboración y blah blah blah.

-Deberían hacerlo por escrito- dijo Santiago arrojándose al sofá, mientras abría su renovado computador portatil.

-Me dijeron algo sobre eso, pero me dijeron que tenían que hablarlo contigo, así que enciende tu celular de una vez, no me vas a tener todo el día como tu recadero…

Joaquín ya se había terminado el yogur y se había lavado las manos, cuando lanzó la siguiente pregunta.

-¿Y Mariana?

-Mejor, se está recuperando, a pesar de lo del bebé.

-No era para menos- dijo Joaquín dirigiéndose a la salida del apartamento- Bueno, Santi, nos estamos hablando. Mi jefe debe estar que me corta la cabeza y la cuelga en la punta de una lanza en el Palacio de Justicia.

-Oye, Joaco- dijo Santiago volteando la cabeza para mirar a la puerta- Muchas gracias, por todo. A pesar de que no tuve hermanos, te considero a ti como uno, bueno mejor que uno.

-¿Cómo que no tienes hermanos?- dijo Joaquín riéndose a carcajadas- Tú y tu novia tienen el mismo papa… técnicamente ella es tu hermana. ¡Nos vemos!

-Pendejo.

***

-Me imagino que sabes que tenemos algo que hablar ¿verdad?- le preguntó a Mariana luego de un incómodo momento de silencio.

-Hablemos, yo no tengo inconveniente- dijo Mariana.

-En primer lugar quiero que me perdones, no hay ninguna, ninguna justificación para haberte sacado de la casa así, creo que al final de cuentas, tú tienes más derechos sobre esa casa que yo. Sobre el documento que hizo el abogado Rivera, ya lo pedí que lo desechara, ayudó mucho que tus amigos de la embajada intervinieran. Todo sigue como antes. Tú sigues teniendo una parte del grupo Saint-Clair y el derecho de vivir en nuestra casa.

-No lo quiero.

-¿Qué?

-No quiero vivir en su casa, señora, no quiero nada que tenga que ver con su familia, ni dinero, ni acciones ni nada.

-Las cláusulas…

-Dicen que puedo hacer caso omiso al contrato si tengo problemas de salud. Creo que puedo argumentar eso en este caso. Faltan un par de meses para que se cumpla el plazo y es precisamente el tiempo que voy a argumentar que necesito para recuperarme. Sobre el dinero, voy a conseguir un buen abogado y le voy a dar instrucciones precisas de que venda mis acciones en su grupo. No quiero tener ningún tipo de contacto con usted.

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