Capítulo 43. Frío

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Jerónimo Saint-Clair llegó a La Fortaleza Rota pasadas las diez de la noche. La lluvia tenaz que se había prolongado durante toda la noche empezaba a ceder, pero a medida que disminuía la intensidad de la tormenta, más baja se tornaba la temperatura. Jerónimo estaba tan afectado con el frío que no se percató de la camioneta que estaba estacionado a un costado del jardín.

Acostumbrado como estaba a que los empleados le abrieran la puerta, cuando llegaba a casa más temprano, tardó casi un minuto de frío intenso bajo la lluvia en encontrar las llaves de su casa en lo más profundo de su portafolios. Apenas abrió la puerta, se dio cuenta que algo grave estaba pasando.

-¡Papá! ¡Qué bueno que llegas, te estábamos esperando!- dijo Ariadne con un poco de nerviosismo en la voz.

La muchacha tomó a su padre de la mano y lo llevó casi que a rastras al recibidor. Estaba lleno de gente.

-Menos mal que llegaste Jerónimo- dijo María Antonia levantándose del sillón principal y dándole un beso en la mejilla que él no contestó.

-¿Qué significa esto? ¿A qué se debe esta reunión?- dijo él, al ver que no solamente Ariadne y María Antonia estaban presentes, Liesel y Juan Pablo estaban sentados en el sofá adyacente al sillón. Junto a ellos estaba un viejo canoso con una taza humeante en la mano, y en el sillón opuesto estaba sentada una mujer alta y rubia, que Jerónimo reconoció como la mujer que había traído a Mariana la primera vez a la Fortaleza Rota en compañía del difunto Conrad Warren. Era la agente Katrina Wentz. Detrás, de pie estaba nada más y nada menos que Santiago Dajach, acompañado de un tipo perfectamente presentado, con ropa evidentemente de marca y otro más, que parecía estar muriéndose del frío, al igual que él.
-Ninguna reunión- respondió María Antonia- estos… “señores” interrumpieron nuestra cena familiar trayendo una orden judicial para realizar un interrogatorio.

-¿Interrogatorio? – preguntó Jerónimo abriendo la orden que el agente Rafael García le había entregado a su esposa hacía menos de media hora.

-Así es, señor ¿Saint-Clair? Tenemos evidencia suficiente, y así lo dictaminaron dos jueces, uno en la República de Colombia y otro en los Estados Unidos de América para realizar un procedimiento de interrogatorio a todos los miembros de esta familia- dijo el agente- Tengo entendido que usted es abogado ¿no es así?

-Soy administrador de empresas, economista y abogado- respondió Jerónimo confirmando la legalidad de la orden binacional, sabía que aquel momento llegaría, pero pensó que tendría al menos dos horas más para hacerlo, o por lo menos eso le había dicho el presidente, aunque teniendo en cuenta los antecedentes tenía más mérito la palabra de una pitonisa callejera que la de aquel fantoche que fungía de presidente.

-Perfecto, además tengo entendido que el señor ¿Rivera?, es el abogado personal de la señora, así que teniendo esta formalidad cubierta, podemos empezar con el interrogatorio.

-¡Un momento! ¡Un momento! – gritó María Antonia, poniéndose justo al frente del agente García- Aún no nos explica por qué esta mujer y estos dos individuos vinieron con usted. Sobre todo este periodista, a quien le había dicho que no volviera a poner un pie en esta casa.

-La agente Wentz está aquí porque ella estuvo a cargo de la investigación por la muerte de Carlos Daniel González en su etapa inicial…

-¿Carlos Daniel González? Querrá decir usted, Oscar Dajach, tengo pruebas que el señor Carlos Daniel González es un impostor y que la identidad que asumía, era falsa. Por eso quedaron invalidados todos sus contratos con el Grupo Saint-Clair.

Fue entonces que Jerónimo se dio cuenta que Mariana no estaba en la reunión.

-¿Qué carajos fue lo que hiciste María Antonia? ¿De dónde sacaste esa información? ¿Dónde está Mariana?

-Esa mujer ya salió para siempre de esta casa, no tiene absolutamente ningún derecho a permanecer aquí, su misma identidad está en entredicho, porque usa el apellido de un hombre que no existe.

-Mariana está en un hospital, señor Saint-Clair- dijo Santiago visiblemente afectado- después que su mujer la sacó a patadas de esta casa, en medio del granizo, Mariana tuvo un accidente en la autopista.

-¿Es cierto eso María Antonia?- preguntó Jerónimo alarmado- ¿Es cierto lo que este muchacho está diciendo?

-¡Yo le pedí a esa mujer que se fuera de mi casa, ¡no tenía nada que hacer aquí!

-Pero ¿Qué clase de estupidez es la que acabas de hacer?- dijo Jerónimo poniéndose las manos en la cara.

-Además, señora, tengo el documento que certifica que el señor Oscar Dajach ingresó a los Estados Unidos con su nombre verdadero, y que una vez en el país solicitó cambiar su nombre. El proceso es completamente legal, mañana mismo impugnaremos lo que usted y el “abogado “ Rivera hicieron para despojar a Mariana de sus derechos. El señor Oscar Dajach no era ningún impostor.

Jerónimo se sentó en el sillón, con las manos en el rostro, mientras Liesel tomaba a María Antonia y la llevaba al sofá donde ella y su marido había visto el inicio de la discusión.

-Pero los derechos de la señorita González o la identidad de su padre no son el tema de esta reunión- dijo el agente García, tomando el control de la situación de inmediato- estamos aquí para realizar el interrogatorio.

García le hizo un guiño a Joaquín, quien supo de inmediato lo que debía hacer.

-En primer lugar, queremos preguntarles a todos ustedes, señor Jerónimo, señora María Antonia, señorita Ariadne, señora Liesel, señor Juan Pablo ¿Tienen conocimiento ustedes de quién asesinó al señor Carlos Daniel González, conocido también con su anterior nombre, Oscar Dajach?

-Por supuesto que no- respondió Liesel, mientras sujetaba a María Antonia.

-¿Usted señor Juan Pablo?

-No, no tengo ni idea, es más no sé ni siquiera por qué me convocaron a esta reunión. Técnicamente yo no soy parte de esta familia.

-¿Señorita Ariadne?

-No, no lo sé.

-¿Señora María Antonia?

-No tengo por qué responderle esa pregunta ¿me equivoco abogado Rivera?

-Por supuesto que no, señora María Antonia.

-¿Y usted señor Saint-Clair?

-Por ahora haré uso de mi derecho a no responder, así como lo hizo mi esposa.Perfecto. -Habiendo dicho eso, pasaremos a la segunda parte del interrogatorio, que es la presentación de las pruebas.

-¿De qué pruebas habla?- preguntó María Antonia, separándose del apoyo de su hermana.

-Ya las verá señora, no se preocupe, ¿Agente Wentz?

-Prueba número uno: el vídeo de la noche del asesinato de Carlos Daniel González- dijo la agente Wentz arrojando en la mesa de centro un montón de fotografías- en ella se aprecia como el señor Carlos Daniel González ingresó al interior de esta casa, aproximadamente a las 11:43 minutos-dijo señalando la primera fotografía- González salió diez minutos después con este cofre en la mano ¿pueden verlo?- señaló ahora la segunda fotografía- Pero justo a las 11:57 de la noche, vemos como el señor González recibe una llamada, una llamada del teléfono de la señora María Antonia.

María Antonia que hasta ahora había estado furiosa y humillada, cambió su expresión. Abrió los ojos de par en par. Ahora parecía completamente alarmada.

-Pero de acuerdo con las fotos que tomamos a esa hora, la señora María Antonia no tenía el teléfono en ese momento. Estaba hablando con otras personas, como se puede ver en esta fotografía- dijo la agente Wentz- ¿Sabe usted quién tenía su teléfono a esa hora señora María Antonia?

María Antonia negó rápidamente con la cabeza.

-¿Seguro?

-No acose a mi cliente- dijo Rivera levantándose con dificultad del sillón. Ya fue clara, dijo que no sabía. Y ustedes mismos acaban de decir que no fue ella la que hizo la llamado.

-Perfecto, abogado- interrumpió García- prosiga, agente Wentz.

-Correcto, luego vemos como, luego de que el señor González ingresara, cuatro personas entraron a la casa, el señor Juan Fernando Barrero, el señor Jerôme Saint-Clair, la señorita Ariadne y la señora María Antonia. Lo interesante es el cofre que tenía el señor González cuando ingresó y que tenemos la teoría que fue el motivo de su asesinato.

-No fue un asesinato ¡fue un suicidio!- gritó María Antonia.

-Lamento informarle señora Saint-Clair. Tengo la prueba número dos- dijo Wentz sacando de su portafolios otro documento- en el informe del forense, que alguien trató de invalidar, por alguna razón, dice que González tenía una laceración en la cabeza, en efecto estaba vivo cuando lo colgaron, pero que el golpe le ocasionó un daño tan severo en el cerebro, que hubiese sido imposible colgarse el mismo. La cuerda solo aceleró lo inevitable.

-La prueba número tres la tiene en sus manos el señor Dajach- dijo el agente García y el me pidió personalmente que le permitiera exponerla, antes de que quede en custodia.

Santiago salió de detrás del sillón y se presentó con el cofre de madera, de la flor amarilla con cinco pétalos puntiagudos. La abrió, sacó su contenido y lo arrojó a la mesa de centro. Era una carta. Luego empezó a leerla.

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