Capítulo 33. Complot

img_2_1368718914_6a8aad3c303fde87bdf4ad48e0397f06

La llamada había sido tan inesperada como intempestiva. Jerónimo Saint-Clair, que hasta ese momento esperaba tomarse un merecido descanso frente a la piscina olímpica de la Fortaleza Rota, con un libro y una buena botella de coñac a la mano, luego de pasar por los luctuosos compromisos de la muerte, tuvo que tomar el retorno en U sobre la Autopista Norte, para regresar a la ciudad.

A pesar de que había salido del funeral de su cuñada acompañado de María Antonia y de Ariadne, las dos mujeres más importantes en ese momento de su vida ya habían abandonado el vehículo. María Antonia se bajó a la altura del Aeropuerto Guaimaral, luego de recibir un mensaje de texto. Jerónimo le ofreció llevarla a su lugar de destino, fuese cual fuese, pero María Antonia se negó en redondo, y sólo le informó que lo llamaría en caso de que fuera a tardar. Cualquier otro hombre en la posición de Jerónimo no hubiese soltado los seguros del vehículo hasta obtener una explicación convincente de su esposa, pero María Antonia le había dado tantas muestras de amor y fidelidad que él no consideró necesarias las preguntas.

Menos de dos kilómetros más adelante, a la altura de la estación de servicio de la calle 245, Ariadne le pidió lo mismo que María Antonia, con la excusa de estar “sumamente estresada” por la muerte de su tía y que necesitaba un tiempo fuera en el spa del Club Caribbean Andes, en el cuál todos los miembros de la familia Saint-Clair tenían membresía. Jerónimo estuvo a punto de decirle a su hija que entraría con ella al club, para darse un buen masaje, pero el plan “libro más coñac” en la piscina de su casa le había parecido más tentador. Ariadne Saint-Clair nunca había entrado a ese club y para ingresar desde el punto en que Jerónimo la había dejado, tendría que atravesar la autopista norte a pie, sin embargo a su padre no le pareció extraño, en parte porque se sintió identificado con la necesidad de relajarse que había expresado su hija, y en parte porque supuso que ella llamaría a alguien del club a recogerla en la estación de servicio, no que caminaría hasta la puerta.

Jerónimo, viéndose completamente solo dentro de vehículo, no tardó en reproducir su colección favorita de música vallenata. Era la música que más le gustaba, desde los tiempos que había trabajado en Majagual, Sucre, pero que no compartía con ninguno de los miembros de la familia. María Antonia y Liesel lo odiaban, y Juan Pablo y Jerôme lo consideraban música para “corronchos de estrato bajo” y estaba seguro que Ariadne compartía su opinión, aunque nunca se lo había preguntado directamente. No había terminado de sonar la primera canción, Desenlace de Los Betos, cuando recibió la llamada; lo estaban esperando en el Palacio de Nariño para una reunión urgente con el presidente ¿Motivo? La investigación por el asesinato de Carlos Daniel González.

***

El edificio en el que Jerôme Saint-Clair había entrado hacía unos segundos tenía un nombre que para Mariana González tenía una connotación tan familiar, que le pareció una broma de mal gusto del destino “Edificio Residencial San Francisco”. Mariana, por supuesto, ignoraba las razones por las que el dueño o los dueños de aquella propiedad le habían puesto semejante nombre, pero estaba completamente segura de que nada tenía que ver con la ciudad dulce y romántica en la que había crecido, y sólo tuvo que cruzar las puertas para convencerse de ello.

El pasillo de entrada estaba cubierto con baldosas cuadradas que formaban en conjunto una composición geométrica de rombos alargados superpuestos. Mariana, que se ganaba la vida diseñando muebles y que por tanto tenía un sofisticado gusto por las formas, concluyó que aquel diseño era lo más nefasto que había visto en su vida y sintió renacer en ella, la obsesión mental que tenía por la perfección.

Sintió el impulso de salir corriendo de allí y regresar al orden cromático y armónico del interior de su auto nuevo. Pero la imagen que le había mostrado Katrina Wentz de Jerôme entrando a la Fortaleza Rota segundos después que su padre, pudo más y decidió quedarse. Fue entonces que se dio cuenta que no sabía hacía donde se había dirigido el muchacho.

***

Jerónimo tardó casi cuarenta minutos en llegar a la oficina del Ala Este de la Casa de Nariño. Un guardia demasiado serio para su edad lo condujo desde el estacionamiento hasta la oficina de puertas victorianas detrás de la cuál lo esperaba nada más y nada menos que el presidente de la república. No eran extraños. Jerónimo no sólo lo había tratado desde la adolescencia, cuando en más de una ocasión había compartido un porro de marihuana, sino que desde hacía casi diez años, se había convertido en uno de sus aliados más importantes, al contribuir primero en la obtención de porcentajes adicionales en contratos de defensa, cuando aún era ministro, y luego con dinero contante y sonante para sus dos campañas presidenciales. No era, por supuesto, una relación de amistad, ni mucho menos; era más bien una relación simbiótica de la que tanto Jerónimo como el presidente sacaban jugosas partidas que, por supuesto, no era reportadas a la DIAN, ni mucho menos a la prensa.

A diferencia de lo que Jerónimo hubiese podido esperar, el presidente no se encontraba en la silla de su escritorio, sino recostado cómodamente en el sofá junto a la ventana, frente a un muchacho de nariz pronunciada que él reconoció de inmediato como el hijo mayor del primer mandatario. Ambos parecían preocupados.

-¡Jerónimo! ¡Excelente que hayas podido venir!- dijo el presidente levantándose del sofá para saludar al recién llegado.

-Para mi es un honor, ya lo sabes- dijo Jerónimo tomando asiento en el sillón que acompañaba al sofá, en un juego de muebles al que parecían faltarle varias piezas.

-¿Quieres un café, un trago o algo para tomar?- le preguntó el presidente volviendo a la posición cómoda que tenía en el sofá.

-Pues, la verdad me gustaría que fuéramos directo al grano, creo que tu agenda debe estar muy ocupada y yo de verdad necesito descansar, esta mañana fue el sepelio de mi cuñada y estoy muerto del cansancio.

-Uy, de verdad que sí, Jerónimo… mis más sinceras condolencias- dijo el presidente cambiando la expresión de su cara de seria a acongojada, pero sin el más leve cambio en el tono de su voz.

-Gracias, ahora sí ¿qué sucede con el caso de Carlos Daniel González?

***

El edificio tenía diez pisos, marcados en el tablero de guía que estaba junto al ascensor. Aunque la propiedad se hacía llamar “Edificio Residencial”, aquel lugar era más un conglomerado de negocios de muy diversa índole. Había, desde una sala de masajes y depilación en el piso dos, una agencia de turismo en el piso cinco, hasta una peluquería en el piso siete. Mariana ya se estaba rompiendo la cabeza pensando a que piso se había dirigido Jerôme, cuando un hombre de mediana edad, alto, fornido e inquietantemente atractivo, en uniforme de vigilante se acercó a ella.

-¿Hacia donde se dirige la señorita?- preguntó el hombre en un tono cuasi-militar.

-¿Cuál señorita?- preguntó Mariana, desconociendo la jerga bogotana de los estratos medios y bajos.

-Pues usted ¿en que le puedo colaborar?

Mariana había estado el tiempo suficiente en Colombia, para adivinar exactamente la forma de averiguar hacia dónde se había dirigido Jerôme.

***

-Tenemos problemas, Jerónimo – dijo el presidente levantándose del sofá, y moviendo las manos como si estuviera haciendo una exposición de los logros de su gobierno- mucho me temo que no podré seguir ejerciendo influencia para trabar el caso ese de Carlos Daniel González.

-¿Puedo saber por qué?- replicó Jerónimo, sintiéndose traicionado por las palabras de su interlocutor, al que consideraba un aliado y que estaba a punto de salirle con un chorro de babas.

-La muerte de un tal… ¿cómo es el nombre del muerto, hijo?- preguntó el presidente al muchacho, que permanecía sentado en el sofá…

-Conrad Warren

-Eso, Conrad Warren… la muerte de Conrad Warren, que según tengo entendido trabajaba como contratista del Departamento de Estado de Estados Unidos, ha traído demasiada atención al proceso.

-Ayer esparcieron sus cenizas en San Francisco- intervino el hijo del presidente- una hermana suya que es magistrada de la Corte Suprema estadounidense, exigió una investigación rigurosa, y alguien aquí en Colombia le informó que la investigación había sufrido un curso irregular.

-Esa mujer es muy poderosa- dijo el presidente, aún de pie- tenemos información que se ha comunicado con todos los medios de comunicación importantes de aquí de Colombia… quiere armar un escándalo.

-Entonces, esto es por el escándalo… – replicó Jerónimo Saint-Clair.

-No estás entendiendo J, la magistrada Warren ya revisó las clausulas del acuerdo de cooperación… en ese acuerdo se señala que si luego de un tiempo las autoridades colombianas resultan incompetentes en aclarar un crimen contra un ciudadano estadounidense, el gobierno americano tomará el control de la investigación.

-Pero ellos ya lo habían tomado… usted había declarado que era inconstitucional- dijo Jerónimo, intentando retomar la calma.

-Era la artimaña legal para retrasar indefinidamente el proceso, pero ya recibí una llamada de Estados Unidos, la Corte Suprema está presionando al gobierno con el escándalo y quiere que retiremos la artimaña.

-No puedo creer que esto esté pasando- dijo Jerónimo negando con la cabeza.

-Pero todavía tenemos algo de ventaja- dijo el hijo del presidente, dirigiéndose a Jerónimo- la clausula estipula que deben transcurrir tres meses para que la investigación pase a manos de los gringos, eso le da a usted quince días para manejar el asunto. Además, no se habla de extradición, aunque la investigación corra por cuenta de Estados Unidos, es la fiscalía quien tiene ingerencia en la condena.

Jerónimo se preguntó cuanto tiempo había pasado el hijo del presidente revisando los documentos del caso para llegar a esa conclusión.

-Según veo las cosas, J, tienes dos caminos y en cualquiera de los dos tienes todo mi apoyo, sólo te queda ti, decidir por cual de los dos te vas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s