Capítulo 30. Equimosis

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-¿Qué dijiste?- preguntó Mariana alejándose lentamente de Santiago.

-Ya lo escuchaste… vine aquí para matarte- dijo Santiago mirándola fijamente a los ojos.

-Si esto es una broma, no es nada graciosa, Santiago- dijo Mariana, esta vez quedándose quieta, mientras Santiago avanzaba hacia ella.

-¿No se te había ocurrido pensar que YO era el asesino?

-Tú no eres el asesino de mi papá.

-¿Por qué estás tan segura? Yo estaba en la fiesta el día del asesinato. Tampoco estaba contigo el día que te atacaron de camino a la Fortaleza Rota ¿No se te había ocurrido pensar que yo pude haberlo hecho?

-Tú estuviste hoy, toda la noche conmigo… el asesino estaba encargándose de Conrad Warren, Katrina lo dijo. No pudiste haber sido tú, a menos que seas un X-Man y puedas dividirte en dos.

-¿Y no se te ha ocurrido pensar que el asesino tiene un cómplice? ¿O que sencillamente le está pagando a alguien para no ensuciarse las manos?

-Todo es posible, Santiago.

-Exacto, Mariana- dijo él quitándose el saco de su traje de gala para ponérselo a ella- En este momento no puedes confiar en nadie, cualquiera puede ser el asesino que buscamos. Incluso yo, si lo piensas bien.

-Si hubieses querido matarme, lo hubieses hecho hace mucho. Yo confío plenamente en ti. Por ejemplo, ahora mismo, si hubieses querido matarme, no hubieses hecho tanto preámbulo.

Santiago no pudo evitar reírse.

-Tienes razón. Quiero que uses esa perspicacia y esa inteligencia que tienes para desenmascarar a ese desgraciado, o desgraciados que acabaron con la vida de tu papá. Y yo voy a estar aquí para apoyarte.

-Gracias por estar conmigo, Santi- dijo Mariana acercando sus labios a los de él, sintiendo que el suelo bajo sus pies se desvanecía a cada segundo.

-Que rico besas- dijo el con una mirada y una sonrisa de pícaro.

-Bobo- dijo ella golpeándolo en el hombro.

-¿Sabes lo que dicen aquí en Colombia lo que significa que una mujer le diga bobo a un hombre?

-Mejor no me digas.

-Mejor no te digo… pero bueno, significa que quiere hacer lo que ocasiona tu estado de gravidez actual.

-¿Qué?

Santiago siguió riéndose a carcajadas, mientras Mariana intentaba alcanzarlo.

-¡A que no me alcanzas!- dijo él, alejándose con rapidez de ella.

Mariana se quitó los zapatos de tacón alto y se dio a la persecución de Santiago. No había corrido ni cien metros, cuando de entre los matorrales hizo su aparición la vista más hermosa que hubiese visto desde que estaba en Colombia. Justo bajo sus pies, la ciudad nocturno se expandía como una constelación de infinitas estrellas titilando en medio de la oscuridad.

-Te gusta- preguntó Santiago abrazándola por detrás.

-Me encanta, es lo más hermoso que he visto de que estoy en este país… bueno, lo más hermoso después de ti.

***

“Hola”
Enviado a las 00:45 a.m.

“Hola ¿Por qué no me contestas?”
Enviado a las 02:07 a.m.

“Hola, la policía me persiguió toda la noche, estoy metido por acá en un bar por el occidente ¿por qué no me contestas?”
Enviado a las 3:40 a.m

“Ya van a cerrar el sitio, me dijiste que ibas a estar pendiente de lo que ocurriera esta noche… ¿por qué carajos no me contestas?”
Enviado a las 3:56 a.m.

“Acabo de llegar a mi casa… el brazo me sigue doliendo… me lo acabo de ver en el espejo, se ve muy feo. Las pastillas que me diste ya se me acabaron, necesito más. Necesito verte también, tenemos que hablar de muchas cosas. ¿Por qué no contestas?”
Enviado a las 4:25 a.m.

“Vas a creer que soy un intenso, pero creía que los dos estábamos en esto juntos. Sabes que tengo pruebas de todo lo que hicimos. Yo guardo todas estas conversaciones y las de voz también, así que piensa en eso antes de que se te ocurra si quiera dejarme metido con todo esto.”
Enviado a las 4:26 a.m.

“Perdóname, no debí hablarte así… me duele mucho el brazo, creo que me va a tocar ir al hospital… van a saber que es una herida de bala y van a hacer preguntas. ¿Qué hago?”
Enviado a las 4:28 a.m.

“Contéstame, por favor, contéstame”
Enviado a las 4:28 a.m.

“NO VAYAS A COMETER NINGUNA ESTUPIDEZ. YO TE VOY A CONSEGUIR LAS PASTILLAS, AHORA DÉJAME DORMIR”
Enviado a las 5:05 a.m.

“Las pastillas no van a ser suficientes, necesito un médico… necesito un médico. Si no me lo consigues tú AHORA MISMO,voy a ir al hospital y que se sepa todo de una vez, la verdad es que ya no me importa nada.”
Enviado a las 5:05 a.m.

“Está bien, voy a conseguir un médico para que te atienda, nos vemos en el lugarcito de siempre, a las ocho, ¿está bien?”
Enviado a las 5:07 a.m.

“Está bien”
Enviado a las 5:08 a.m.

***

-Jerónimo- dijo Juan Pablo Axelsson cuando encontró a su concuñado en una de las escaleras de la clínica, con su teléfono celular en la mano.- ¿Dónde te habías metido? María Antonia está muy preocupada. ¿Qué tienes? ¿Estás llorando?

-Me va a odiar, Juan Pa, me va odiar- dijo Jerónimo, intentando secarse los ojos con el dorso de la mano, para parecer menos vulnerable, logrando precisamente el efecto contrario.

-¿De quién hablas?- preguntó Juan Pablo, sentándose junto a él en la escalera.

-De mi mujer… todo se va a saber, todo se va a saber, va a saber todo lo que he hecho y no me lo va a perdonar nunca, Juan Pa, nunca.

-No sé de qué estás hablando, pero de algo estoy seguro. María Antonia te ama, te ama tanto o más de lo que tú la amas a ella. Y estoy seguro de que sea lo que sea que haya sucedido, lo que hayas hecho, ella te va a perdonar. Ahora vamos, el médico dijo que tenía un reporte sobre la salud de Ana Victoria ¡Vamos!

***

María Antonia estaba recostada sobre los hombros de su hermana Liesel, cuando vio aparecer por un costado de la sala de espera a su marido y a su cuñado. Jerónimo se veía inusualmente descompuesto, con los ojos rojos e irritados como si hubiese estado llorando. Pero luego lo pensó mejor. Jerónimo no era de los que lloraban, era de los que actuaban, y concluyó que el estado de sus ojos se debía al insomnio involuntario y no al llanto clandestino.

-¿Ya vino el especialista?- preguntó Juan Pablo, sentándose en uno de los sillones contiguos al sofá donde se encontraban las hermanas Luján.

-Aún no- respondió Liesel- ¿Qué tienes Jerónimo? Te ves mal.

-Nada, sólo es la falta de sueño- dijo confirmando la conclusión satisfactoria a la que había llegado su mujer.

Las dos parejas permanecieron en un silencio sepulcral, hasta que un médico gordo y calvo, con unos lentes tan gruesos que costaba trabajo distinguir los ojos detrás de ellos, se acercó, preguntando por la familia de Ana Victoria Luján.

-Somos nosotros, doctor- dijo María Antonia incorporándose rápidamente para ponerse de pie- ¿Cómo está mi hermana?

Juan Pablo, Liesel y Jerónimo también se pusieron de pie, detrás de María Antonia.

-Luego de hacerle una tomografía a su hermana, vimos que el ataque lo causo una seria lesión en el lóbulo izquierdo del cerebro. Su hermana tiene una tumor benigno en esa región, lo que sin duda explica su historia clínica de esquizofrenia. Es una lástima que no haya sido detectada anteriormente…

-Pero, si el psiquiatra nos dijo que era una condición consecuencia de sus traumas infantiles… – dijo María Antonia intentando justificarse.

-Sí, es bastante inusual, además de no ser por la lesión que presentó, hubiese sido muy difícil de detectar. El tumor generó una obstrucción en un vaso sanguíneo y la paciente presenta una hemorragia. Creemos que podemos encargarnos del asunto, siempre que nos den la debida autorización.

-Por supuesto, doctor, yo firmo lo que sea, sólo salve la vida de mi hermana- dijo María Antonia con las manos extendidas, como si estuviera rezando el Padre Nuestro en una iglesia.

-Eso era lo que les quería decir, actualmente Ana Victoria está en estado de coma, podemos hacer la operación, pero no podemos garantizar que salga de ese estado, que como médicos sabemos es muy complejo. La decisión es de ustedes.

***

Mariana estaba sentada en el césped, apoyando su cabeza sobre el hombro de Santiago, observado como la luz tenue del amanecer empezaba a sobreponerse sobre las estrellas artificiales de la ciudad, justo debajo de sus pies.

-Gracias por confiar en mi- dijo Santiago.

-Gracias a ti, por estar aquí, conmigo… por dejar ese tempano de hielo que había sido todo este tiempo.

-Perdóname…

-Te perdono si me prometes que vas a confiar en que puedes hablar conmigo. De lo que sea. Siempre.

-Te prometo que voy a luchar por esto que siento por ti, Mariana, pase lo que pase, sea lo que sea, después que tu quieres, siempre voy a ser tuyo.

Se imprimieron en un beso tan profundo y prolongado que se dieron cuenta de que el sol había salido por la tibieza que empezaban a sentir en sus rostros y la punta de sus dedos.

***

Eran más de las ocho de la mañana cuando Santiago dejó a Mariana en la puerta de la Fortaleza Rota. Mariana estaba feliz, por primera vez sintió que el amor era mucho más que citas en restaurantes caros, charlas sobre trabajo, evaluaciones de compatibilidad y sesiones reglamentarias de sexo.

El mayordomo notó de inmediato que algo increíblemente fantástico debía haberle sucedido porque el simple hecho de que se veía mucho más hermosa aquella mañana, incluso con el cabello desordenado y los pies descalzos, que la noche anterior.

Estaba a punto de subir la escalera de doble hélice, cuando se encontró a Jerôme y Ariadne llorando en la sala.

-¿Jerôme? ¿Ariadne? ¿Les sucede algo?

Jerôme, con su cabello castaño claro, encrespado y su pijama de rayas de colores verticales fue el que tomó la palabra.

-Mi mamá nos acaba de llamar. Mi tía Ana Victoria acaba de fallecer.

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