Capítulo 29. Pesadilla

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María Antonia no podía dar crédito a lo que había escuchado.

-¿Tú asesinaste a mi papá?

-Perdóname, Mary… perdóname… él iba, él iba a matar al bebé… era una niña ¿sabes? ¡era una niña!… Además… él nunca nos creyó… le creyó a ese miserable… a Macias ¿recuerdas?- dijo Ana Victoria entre lágrimas.

-No lo puedo creer, Ana ¿tú? ¿por qué lo hiciste? ¿por qué me dices eso hasta ahora?- preguntó María Antonia, que cedía a las lágrimas por primera vez en años.

-No podía dejar que matara a la niña… no podía… mi mamá, mi mamá no dejó que dijéramos nada. ¡Nada!

-¿Qué pasó con la niña? ¿Dónde está? ¿Dónde está la niña?

-Macias… Macias… él… – fue entonces que Ana Victoria puso los ojos en blanco y se puso a temblar como si la hubiese poseído el mismísimo demonio.

-¿Ana? ¡ANA!

María Victoria no supo que hacer más que salir del cuarto a pedir auxilio como loca. Jerónimo, Ariadne y Jerôme acudieron de inmediato, seguidos de los empleados que dormían en la casa. Para ese momento Ana Victoria echaba espuma por la boca y Ariadne fue la única con el sentido común de ponerle una toalla entre los dientes para que no se desgarrara la lengua.

***

Mariana empezaba a liberarse de las dudas sobre el asesinato de su padre, condenando a María Antonia Luján, cuando la agente Katrina Wentz, del Departamento de Estado de los Estados Unidos puso las cosas en orden, porque los videos de las cámaras de seguridad mostraban otra cosa.

En primer lugar mostraban que Carlos Daniel había permanecido sentado toda la noche, siendo saludado sólo ocasionalmente por Juan Fernando Barrera y por el mismo Santiago en un par de ocasiones. En la mesa de Carlos Daniel se encontraban solamente dos personas: Liesel Luján, la hermana de María Antonia y su marido Juan Pablo Axelsson, pero la interacción entre estos había sido mínima.

Las cosas empezaron a moverse, luego de las once de la noche, luego de que María Antonia diera su discurso, presentando el regreso de su hija, Ariadne luego de cursar sus estudios en el extranjero. Santiago recordaba muy bien los eventos, pero no recordó en que momento se levantó de su mesa. Katrina Wentz remarcó que varias personas se habían levantado de sus mesas al mismo tiempo, pero la cámara que cubría la entrada trasera con acceso a la cocina, la única abierta aquella noche por orden directa de María Antonia, mostraba que tres personas más habían entrado a la casa, la primera había sido Jerôme Saint-Clair, seguido de su padre Jerónimo y por último, el mismo Juan Fernando Barrera.

Las cámaras también indicaban que luego de unos minutos, Carlos Daniel salió con un cofre en la mano, marcado con el símbolo de una flor, registrando también el momento en que recibió la llamada del teléfono de María Antonia Lujan, que aparecía en el lugar de la fiesta en todo momento. Luego Carlos entró nuevamente a la casa y las cámaras nunca registraron que salió, ni tampoco ubicaron a María Antonia en un lugar que no fuera en el jardín con los invitados.

Luego sólo se registró el caos, luego de que apareciera el cadáver.

***

-Entonces tenemos tres sospechosos- dijo Joaquín, intentando condesar los hechos en una frase- Jerónimo Saint-Clair, su hijo y el jefe de Santiago.

-Ellos no eran las únicas personas en la casa- dijo Mariana- Ana Victoria siempre está ahí. Ella es muy inestable y pudo haber sido ella perfectamente. Quizás por eso María Antonia la está protegiendo.

-Es una buena teoría- dijo Katrina Wentz- pero tenemos que probarla… y creo que la única manera es con el cofre.

-Tengo la impresión de haber visto esa marca, la de la flor en algún lado- dijo Mariana, pensativa, intentando recordar.

-Además, tenemos que averiguar a quien le prestó María Antonia su teléfono aquella noche- dijo Katrina- eso nos puede dar más pistas.

-Mientras tanto, lo que debemos hacer es seguir a los tres sospechosos. Quizás uno de ellos fue el que asesinó a Warren… o el que atacó a Mariana de camino a la Fortaleza Rota-dijo Santiago.

-Eso descartaría a Jerónimo y a Jerôme… ellos estaban en la casa cuando yo llegué el día que me atacaron- dijo Mariana, negando con la cabeza.

-Eso no es prueba de nada- dijo Katrina Wentz- en esa zona hay muchos atajos, por el bosque y alguna de las entradas a la propiedad. El atacante tuvo tiempo de disparar a la camioneta y luego regresar sin problemas a la mansión. Por ahora no descartemos a nadie.

-Yo puedo estar al pendiente de Barrera- dijo Santiago con deteminación.

-Yo puedo estar al pendiente de Jerónimo- dijo Katrina, lo mantendré vigilado.

-Yo puedo encargarme de Jerôme- dijo Mariana- pero necesitaré un vehículo propio. Creo que llegó la hora de comprarme un carro en Bogotá.

***

La reunión terminó cerca de las cuatro de la mañana. Katrina Wentz fue la primera en salir, dejando copia de todos los reportes y de las grabaciones de las cámaras en casa de Joaquín. Mariana y Santiago salieron poco después. A Joaquín le tocó prestarles las llaves de su carro a Santiago para que ambos pudieran llegar a sus destinos, lo que Santiago no le dijo era que tenía otros planes para Mariana aquella noche.

***

Eran poco más de las cuatro de la mañana cuando Liesel Luján hizo su aparición en la Clínica de la Divina Dádiva en el norte de Bogotá, en compañía de su marido. Había sido una noche larga par los dos, luego del horrible incidente en la fiesta de beneficencia en la Fortaleza Rota. A Juan Pablo le había costado tiempo y esfuerzo convencer a su esposa de que su interés por Mariana González no estaba en el plano del romance y del adulterio y que simplemente le había servido como médico de cabecera, justo antes de que se enterara de su embarazo.

La discusión había terminado en una reconciliación física que los había dejado a ambos exhaustos, felices y satisfechos, dispuestos cada uno a terminar la noche en los brazos del otro, cuando entró la llamada de Jerónimo: Ana Victoria había tenido un fuerte ataque de epilepsia y se encontraba en esos momentos bajo atención médica.

Liesel, bajo el efecto de las hormonas liberadas durante su reconciliación sexual con Juan Pablo, sin una gota de maquillaje y con el cabello castaño, suelto a la altura de los hombros, se veía mucho menos horrenda de lo que su aspecto inspiraba de día, e incluso bajo la luz penumbrosa del hospital, más de un incauto pensó que hasta estaba bonita. No tardó en ver a su hermana, completamente destrozada en el sillón de la sala de espera de las urgencias de la clínica.

-¿Mary? ¡Mary!- dijo Liesel visiblemente afectada por el estado en el que encontró a María Antonia, hacía siglos que no la veía tan descompuesta. Tenía el cabello desordenado, el maquillaje corrido y aún tenía su ropa de dormir puesta, apenas cubierta por un enorme abrigo de piel, que ya le había visto en un par de ocasiones.

-¡Ay Liesel! ¡Mi hermanita! ¡Mi hermanita!

-¿Le pasó algo? ¿Está bien?- preguntó Liesel, más intrigada que alarmada.

-Hasta ahora la están atendiendo… la hubiese visto… sus ojos… ni siquiera lo puedo recordar.

-Yo voy a consultar con las enfermeras, a ver si saben algo- dijo Juan Pablo, que aún, con una sudadera y unos tenis, parecía un príncipe de cuento.

-¿Y Jerónimo?- preguntó Liesel.

-Dijo que iba a buscar un café o algo… está muy cansado. Ariadne y Jerôme se quedaron en la casa. Yo no sé que voy a hacer si Anita se muere, Liesel, yo no sé que voy a hacer- dijo María Antonia sucumbiendo de nuevo a las lágrimas.

-Vamos a esperar noticias, no es bueno adelantarnos a los acontecimientos.

-Ella me dijo algo antes de que le diera ese ataque, y no sé si era verdad… o estaba divagando. No sé que pensar Liesel.

-¿Qué te dijo?

-Me dijo que ella había asesinado a mi papá, que ella había salvado a la bebé, la noche que nació.

-¿Quieres decir que mi papá no se arrojó al caño con la bebé?

-Eso fue lo que Ana Victoria me dijo… y yo sé que pudo ser su locura, pero hay algo que me dice que ella decía la verdad.

-Si decía la verdad, significa que la bebé está viva, Mary ¿Te imaginas? ¿Te imaginas?

***

Santiago había permanecido callado y pensativo todo el camino, tanto así que a Mariana le dio tiempo de dormir un poco antes de que llegaran a su destino, en el carro prestado.

-Mariana, despierta- susurró Santiago, luego de apagar el vehículo. No quería despertarla, se veía tan hermosa allí, con sus ojos cerrado y su traje de princesa contemporánea, que parecía casi un sacrilegio sacarla de aquel trance, pero tenía que aprovechar el momento y la valentía irreal que parecía llenar todas las celulas de su cuerpo, aquella noche, estaba seguro de que estaba dispuesto a todo.

-¡Mariana!- volvió a susurrar, esta vez ella abrió los ojos.

-Santi… Me quedé dormida ¿Qué hora es?

-Un poco más de las cuatro de la mañana. Ven, te tengo una sorpresa.

Mariana se incorporó, se frotó los ojos para espantar el sueño y salió del automovil, directo a la oscuridad de la noche. Santiago rodeó el vehículo y quedó justo frente a ella.

-¿Qué es este lugar? Está muy oscuro… ¿Para qué me trajiste aquí?

-Te he traído aquí para matarte.

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