Capítulo 27. Pruebas

Humedal temporal en El Pantanal (Mato Grosso, W. Brasil).

La camioneta se detuvo a un par de kilómetros de la autopista, justo en medio del lodo helado e impredecible del humedal. La Sombra apagó las luces del vehículo robado y sin tener cuidado de que lo vieran o lo escucharan, sacó los dos cadáveres que había llevado toda la noche en la asiento trasero. No creyó necesitar ninguna precaución; el lugar parecía desierto y nadie en sus cinco sentidos podría estar a aquella hora ingrata en medio de aquel pantano, con el fango hasta las pantorrillas.

Los cadáveres parecían haber ganado peso en el camino, o quizás la mezcla mortal de cansancio y culpa los hacía parecer así. Los arrojó al fango, uno al lado del otro y a punta de puntapiés los hizo rodar hasta el espejo de agua, donde los sapos apenas empezaban a retozar. Se sintió tan aliviado al deshacerse de los cadáveres, que no vio a los dos individuos que veían la escena a pocos metros de distancia y que ya estaban marcando el número de la policía.

***

Luego de aparcar su automóvil en su espacio de siempre en el estacionamiento al aire libre del conjunto residencial Bochica II, en el noroccidente de la ciudad. Joaquín Vitola se dispuso a entregarse a la tentación del sueño y a la tibieza y comodidad de su cama. Había sido una noche de locos. De solo recordar los detalles sórdidos que Ángela Sinisterra había dado sobre los hechos previos a la desaparición del padre de Santiago, se le ponía la piel de gallina; pero si había algo que sabía hacer Joaquín, con su talante de sabanero hedonista y dicharachero, era poner las cosas negativas en el último desván de su memoria. Así que cuando abrió la puerta del apartamento, en lo único que pensaba era en quitarse la ropa pesada que había llevado toda la noche, masturbarse un poco y dormir.

Ya había cerrado con llave la puerta y se había quitado las botas y la chaqueta cuando se dio cuenta que algo no estaba bien. Algo imperceptible había cambiado dentro del apartamento y no tenía que saber que era, para darse cuenta que no estaba solo. Joaquín, que sabía perfectamente el valor de la vida, comparada con el de los bienes materiales, dio media vuelta para salir del apartamento y buscar ayuda, cuando escuchó como se encendía el televisor de su cuarto. Fue entonces que pudo más la curiosidad que la prevención.

Caminó los cinco pasos que lo separaban de la habitación, sintiendo a través de los calcetines, el frío que se colaba a través del piso. La pantalla mostraba las imágenes de una cámara de vigilancia, sobre una fiesta, con una casa enorme en el fondo, que el identificaba muy bien, porque era la misma en la que había dejado a Santiago Dajach hacía unos minutos.

-Buenas Noches, señor Vitola, lo estaba esperando- dijo la voz en la oscuridad.

***

El sonido de la cachetada se escuchó con claridad fuera del despacho de Jerónimo Saint-Clair donde María Antonia se había llevado a Liesel casi a rastras, mientras sus maridos se encargaban de controlar la situación en el jardín exterior, primero con los descargos rutinarios y luego, motivando a las modelos contratadas para que mostraran las posibilidades de colaboración con la causa de los niños víctimas de abuso sexual.

-¡Estúpida!- le gritó María Antonia a su hermana luego de propinarle el golpe con la palma abierta de la mano- ¿Cómo te atreviste a arruinar mi evento? ¿Pero qué clase de cucarachas es la que tienes en la cabeza?

-Esa mujer… esa mujer… mi marido…

-¿Todavía sigues con esa estupidez? ¿Acaso no escuchaste?

-Es mentira, ella no está embarazada, es sólo una excusa… ella metió a mi marido en su habitación.

-Embarazada o no, la sola idea de que Juan Pablo te sea infiel con ella, es la más ridícula del mundo. ¿Qué no te das cuenta lo que ese hombre siente por ti?

-Yo sólo sé- dijo Liesel sucumbiendo a las lágrimas- que no soy lo suficientemente buena para él. Mírame Mary, mírame… soy un desastre… no sabes lo difícil que es todos los días mirarme en el espejo y ver que parezco un monstruo, un adefesio… Juan Pablo ya no me hace el amor… siente repulsión por mi, y lo entiendo. Pero no voy a permitir que una puta gringa como esa, lo termine de alejar de mi, eso jamás.

María Antonia vio a su hermana llorando a lágrima viva, agarrada del brazo del sillón y por primera vez en años se permitió un sentimiento de compasión por ella, porque no la vio como el ser inseguro y deforme en el que se había convertido en los últimos tiempos, sino como la hermana con la que había compartido la dicha y el horror desde que vivían en las tierras inhóspitas de La Mojana sucreña.

-Liesel- le dijo arrodillándose junto a ella, sin importarle el vestido de diseñador que le había costado una pequeña fortuna- no sé que problemas tienes con Juan Pablo, pero estoy completamente segura que ese hombre te ama, sólo hay que verlo en su cara cuando habla de ti… además sólo un hombre completamente enamorado podría soportar con tanto estoicismo tus arranques, hermanita. Y sobre Mariana González, estoy completamente segura de que ella no tiene nada que ver con Juan Pablo.

-¿Cómo puedes estar tan segura?

-Por que la tengo bajo vigilancia y creo que el único hombre que le interesa es el periodista ese, Santiago Dajach.

-¿Dajach? ¿Ese es su apellido? ¿Acaso…?

-Sí, es el hijo de ese hombre… pero lo que te debe importar es que ella no tiene nada con Juan Pablo, ella tiene una especie de relación con ese periodista, aunque evidentemente no es el padre de su hijo. Si es cierto lo que dijo, ya estaba embarazada cuando vino a Colombia… así que ve tu a saber quien es el padre.

-¡Es una zorra, es una zorra!

-La vida sexual de Mariana González no nos interesa mientras que no se meta con tu marido ¿lo entiendes?

Liesel asintió con la cabeza. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano y por un instante pareció una mujer decidida y segura de sí misma, pero sus ojos no tardaron en volver a teñirse de miedo.

-¿Dajach? Mary… ¿Dajach?

-Sí, Liesel- susurró Ana Victoria que había entrado como un fantasma en el despacho en penumbras, despeinada y descalza con un enorme camisón blanco a modo de piyama- El pasado viene a cobrarnos el pecado…

-Ana ¿Qué haces aquí? Regresa a tu habitación- dijo María Victoria en tono de desesperación.

-Ese hombre, tú lo viste- prosiguió Ana sin hacer caso a su hermana- tú lo viste, cuando llegó a la fiesta, yo lo vi por la ventana, era él, era el mismo, tenía otro nombre, pero era él, era el doctor… el mismo del cementerio, era él, era él.

-¿De qué hablas Anita?- preguntó Liesel recuperando nuevamente la compostura.

-De nada, sabes que ella no está bien- respondió María Antonia

-Claro que no estoy bien, pero sé lo que vi… el hombre colgado, el invitado de honor de la fiesta… era el doctor Oscar, el doctor Oscar Dajach.

***

Luego de recorrer toda la arboleda de la Fortaleza Rota en su búsqueda, Santiago Dajach encontró a Mariana justo frente al fresno donde había encontrado a su padre colgado un par de meses atrás.

-¿Mariana? ¿Estás bien?- preguntó Santiago.

-Aquí fue ¿verdad? Aquí fue donde encontraste a mi papá, muerto.

-Mariana ¿Por qué huiste? Es peligroso estar aquí de noche, está muy oscuro. Pudiste haberte hecho daño.

-¿Y eso te importa?- preguntó ella desviando la mirada del árbol para dirigírsela a él.

-¿Qué?

-¿Te importa que me pase algo?

-Claro que sí, Mariana, tú no tienes idea lo importante que eres para mi.

-¿Por eso ahora estás enredado con Ariadne?

-Yo acepté la invitación para estar cerca de ti, para verte.

-¿Será que te creo?

-Mariana- dijo Santiago acercándose a ella… – tú eres lo más importante que tengo en la vida. Créeme.

-¿Entonces por qué siempre eres tan frío? ¿Por qué te vives alejando de mi? ¿Por qué me dices tantas mentiras?

-Mariana, es difícil de explicar, pero créeme que tenía mis razones…

-Y ahora tienes más… voy a tener un hijo. Creo que ese es el último clavo del ataúd. ¿Verdad?

-¿Aún tienes algo con el padre?

-No, terminé con él antes de venir acá a Colombia. ¿Por qué finges que te importa?

-No tengo que fingir nada… Mariana, te juro que si todo se resuelve para bien, yo voy a estar contigo y con tu hijo si me lo permites.

Santiago se acercó a ella y puso sus manos sobre sus mejillas y sin estar seguro de nada, puso sus labios sobre los de ella, dejándose llevar por las pasiones y los afanes atrasados. Ella le correspondió, empezaron a besarse y a abrazarse con pasión. Santiago la empujó contra un árbol y empezó a besarla en el cuello y en los hombros, sintiendo como crecía la erección en sus pantalones. En ese momento no le importaba absolutamente nada, sólo le importaba consumarlo todo con aquella mujer, a la que estaba seguro, amaba con toda el alma.

***

-Permítame presentarme- dijo la mujer, encendiendo la luz de la habitación, dejando a Joaquín con la boca abierta- Soy la agente Katrina Wentz, trabajo para el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América.

-¿Para el qué? – fue lo único que a Joquín se le ocurrió preguntar.

-Para la embajada, señor Vitola… para la embajada de los Estados Unidos ¿Tiene idea de donde se encuentra el señor Santiago Dajach?- dijo ella mostrando su identificación.

-Lo dejé en una fiesta en la Fortaleza Rota… ¿Cómo entró aquí?

-No es la primera vez que entro aquí, señor Vitola, verá estoy encargada de hacer una investigación extraoficial, muy exhaustiva sobre la muerte de Carlos Daniel González.

-¿Y por qué está aquí y no en el apartamento de Santiago?

-El apartamento de Santiago está siendo vigilado, esperaba que usted pudiera llamarlo y que el viniera aquí. Tengo información muy delicada sobre la muerte del señor González. Y al menos de esta forma nadie sabrá que YO estoy detrás de la investigación.

-Bueno, Santiago y Mariana están en la misma fiesta, creo que usted podrá matar dos pájaros de un solo tiro ¿no?

-Sí, eso es… creo que tanto el señor Dajach como la señorita González deben conocer esta información a la mayor brevedad posible. Además acaba de ocurrir un hecho muy grave que los afecta a los dos. Espero que usted los pueda convencer de que vengan hasta acá ahora mismo

-No lo dude.

***

Santiago estaba ya dispuesto a todo, cuando el teléfono sonó en medio del silencio de la arboleda, con tanto estruendo que los amantes reprimidos se separaron de inmediato.

-Disculpa- dijo Santiago sudoroso y con el rostro congestionado por el escándalo de la sangre.

-Tranquilo, contesta la llamada, yo debo regresar a la mansión.

-Espera- dijo el tomándola del brazo- yo voy contigo, deja respondo la llamada ¿Sí?

Mariana se dejó tomar del brazo. Quizás no estaba aún del todo convencida de la explicación de Santiago, pero al menos estaba mucho más tranquila, luego de aquella demostración fragorosa de pasión sin consecuencias.

-Aló… ¿Joaquín?… Sí, claro estoy aquí… sí, estoy con ella ¿Qué pasa? … ¿Es en serio? Pero ¿Cómo?… Hagamos una cosa, salgo con ella ahora mismo para allá… Lo que tarde el taxi en llegar hasta acá… Vale, bien.

-¿Sucede algo?- preguntó Mariana al ver que el rubor del rostro de Santiago se había transformado en una palidez extrema.

-Mariana, hay algo que tienes que saber.

-¿Qué? ¿Qué pasó?

-Creo que tengo una noticia buena y una muy mala.

-¿Qué?

-Mariana, tenemos pruebas de lo que pasó con tu papá la noche de su asesinato. Tenemos que ir al apartamento de Joaquín para que nos las muestren…

-¿Y cuál es la noticia mala?

-Asesinaron a Conrad Warren, apareció muerto en un humedal cerca al aeropuerto… parece que la policía tiene la pista del responsable.

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